
“La República Dominicana debiera estar llena de muchos Efraín y muchas Ozemas, ya que fueron dos personas que con gran tesón, arrojo, dedicación al trabajo serio y honesto, levantaron una familia de once hijos”, subrayó monseñor Bretón Martínez.
Indicó que don Efraín, machete en manos, siempre se dedicó a cultivar la tierra en su comunidad natal de Jánico, pero siempre buscando de Dios, demostrando su fidelidad y devoción a la virgen María.
Durante la eucaristía, Juan Núñez, uno de los hijos del finado, leyó las plegarias y peticiones a Dios.
Mientras que María Núñez de Taveras, al hablar en nombre de toda la familia, definió a su progenitor como una persona alegre, gran cristiano y que le gustaba jugar dominó y el béisbol.
“Los siete hijos que les acompañaban en las labores agrícolas, cuando daban las 12 del mediodía, mi papá los juntaba en la casa y los ponía de rodillas para rezar el Angelus o el saludo a la Virgen María”,
precisó Núñez de Taveras.
Agregó que tras hacer la oración, don Efraín les decía a éstos: “mis hijos trabajen, que Dios no se queda con el sudor de nadie”.
Del mismo modo, resaltó que todas las mañanas, a las 5 en punto, don Efraín levantaba a sus hijos para rezar el Rosario.
Monseñor Vinicio Disla, de los participantes en la eucaristía, confirmó que don Efraín todavía a sus 112 añores rezaba el Rosario.
Después de la misa de cuerpo presente, se procedió a darle sepultura en el cementerio Fuente de Luz, de la avenida Circunvalación Norte.
A los actos fúnebres asistieron dirigentes políticos nacionales, así como empresarios y miembros de la Iglesia católica.
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