
El pontífice publicó nuevas directrices para reformar el Sínodo de los Obispos, el cuerpo de consulta establecido hace 50 años para dar a los papas una forma organizada de juntar a los obispos para debatir los problemas a los que se enfrenta la Iglesia.
En el pasado, los sínodos eran largas reuniones donde los clérigos hacían propuestas no vinculantes para que el papa las considerara en el futuro. Las nuevas normas dicen que el documento final de los obispos se convertirá en parte de su doctrina oficial, o magisterium, pero sólo si el pontífice lo aprueba.
El papa puede ayudar a garantizar el resultado de otra manera, al nombrar a los miembros del secretariado del sínodo, de la comisión de redacción preliminar y del mismo sínodo, cuyos miembros sólo son responsables de alcanzar una “unanimidad moral” al votar por el documento final.
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