El patriarca
caldeo, el cardenal Louis Raphaël I Sako, unas semanas antes del viaje del Papa
Francisco a Iraq, aborda las diversas cuestiones dolorosas que afectan al país
del Golfo. Durante más de cuatro décadas, Iraq no ha conocido la paz. Hoy, el
regreso del terrorismo, las tensiones sociales y la pandemia agravan aún más la
crisis de un país que pide solidaridad, con la esperanza de volver a la
normalidad.
Giancarlo La
Vella - Ciudad del Vaticano
En Iraq, el
autodenominado Estado Islámico ha vuelto dramáticamente a cobrar protagonismo,
llevando a cabo una serie de incursiones y atentados, el más grave de ellos la
semana pasada con el doble atentado suicida en el centro de Bagdad que dejó 32
muertos y más de un centenar de heridos. En nuestra entrevista, el Patriarca de
Babilonia de los Caldeos, el cardenal Louis Raphaël I Sako, se detiene en los
sufrimientos y las esperanzas del pueblo iraquí y de la comunidad cristiana del
país, a pocas semanas de la visita del Papa a Iraq. Una visita, dice, de la que
espera un mensaje de consuelo, esperanza y paz.
En Iraq ha
vuelto el miedo al terrorismo. ¿Cómo se está viviendo este aumento de la
tensión, acaecido especialmente en los últimos días?
R. - Hay una
gran preocupación y también tristeza por parte de la gente. Los que han sido
asesinados son gente pobre, realmente pobre. Desgraciadamente, estos atentados
tienen una finalidad política, representan un mensaje para el gobierno y
también para el nuevo presidente estadounidense. Mientras tanto, el gobierno ha
tomado medidas.
¿La
población, a pesar de este difícil momento, sigue esperando la paz en Iraq?
R. - Sí,
existe esta esperanza, la gente siempre pregunta cuándo llegará la paz, la
defensa de la dignidad humana, aunque desde hace casi 20 años estamos en una
situación similar, hay confusión, anarquía. Por lo tanto, se necesita tiempo.
Pero antes de tiempo se necesita buena voluntad por parte de los políticos. Si
no hay eso, no habrá paz. Las milicias también deben obedecer al gobierno
iraquí y éste debe imponer la retirada de las armas. Todo debe quedar en manos
del gobierno y no de los partidos políticos.
¿Cómo están
viviendo los cristianos en este momento? Hoy hay una iniciativa de oración y
ayuno de tres días...
R. - Contra
nosotros hasta ahora no ha habido nada, ya desde hace algunos años. Pero somos
parte de Iraq, no vivimos solos, estamos con todos los demás. Así que somos
hermanos y hermanas de una gran familia llamada Iraq. Con los tres días de
oración queremos decir que todos somos hijos de Dios, el Dios de toda la
humanidad. Así pues, este gesto de ir a Nínive en oración tiene un doble
significado: en primer lugar, afirmar que Dios mira a todos indistintamente;
luego, es una fuerte petición al Señor para que nos salve de la pandemia en
curso. Y hoy vivimos con tanto miedo al coronavirus. Por lo tanto, debemos
rezar y pedir la ayuda de Dios para ser salvados y para que esta pandemia
termine en todo el mundo. No pensamos sólo en nosotros en Iraq, sino en todos
los hombres del mundo. Nuestra media de contagios no es alta: cada día hay 500
o 600 contagios.
¿Cómo
marchan los preparativos para la visita del Papa a Iraq en marzo?
R. - Estamos
preparando todo junto con el gobierno. Para todos es un acontecimiento
extraordinario. El Papa vendrá a decir: "Basta, basta de guerras, basta de
violencia, busquen la paz y la fraternidad y la tutela de la dignidad
humana". En mi opinión, él nos traerá dos cosas: consuelo y esperanza, que
hasta ahora se nos han negado. Por lo tanto, es una visita, diría yo, con
connotaciones más bien espirituales, en la que no se dará tanta importancia al
folclore, a la fiesta. Eso sería perder el verdadero sentido de la visita. Es
un acontecimiento muy importante para nosotros los cristianos, pero todos en
Iraq espera este encuentro, también los musulmanes, otras realidades religiosas
y los jefes de gobierno

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