Cada 20 de agosto la Iglesia Católica celebra a San Bernardo de Claraval, monje francés que vivió entre los siglos XI y XII. Fue una de las figuras más relevantes de su tiempo, y su contribución a la teología y espiritualidad han sido determinantes -especialmente en lo que respecta a la devoción a la Virgen Maria-. La tradición lo ha llamado “el cazador de almas y vocaciones” y “el oráculo de la cristiandad”.
Bernardo fue el primer y más famoso abad del monasterio de Claraval, célebre abadía cisterciense por sus abundantes frutos de santidad. En ese sentido, Bernardo es reconocido como uno de los grandes impulsores del renacimiento de la vida monástica a inicios del segundo…
[1:35, 20/8/2023] José Luis Hospital: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Dichosa esta cananea que no desperdició la gracia de la humillación. Jesucristo le dio la gracia de la humillación para ser liberada del espíritu que atormentaba a su hija. Aunque el espíritu malo no lo tenía la niña sino su madre.
Hay demonios que salen con la predicación del Evangelio: "El Señor anuncia una noticia y los enemigos se dispersan, huyen de su presencia los que lo odian" (cf. Sal 68 (67,2). Cuando Dios se levanta, se levanta para juzgar. Por eso se retiran los enemigos. Este es el primer exorcismo: el anuncio del Kerigma.
El segundo exorcismo es la confesión de los pecados. San Pablo dice: "Todo lo que se expone a la luz, se puede ver con claridad, pues todo lo que se saca a luz se convierte en lux" (Ef 5, 13-14).
Luego están: la oración, el ayuno y la limosna. Cuando uno grita, el Señor escucha y libra de las angustias. Cuando te damos las Horas del Oficio siempre se inicia diciendo: "Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme." Es una oración deprecativa. Donde no se reza se llena de maldición y gemidos de murmuración. El ayuno acompañado con la oración hace que los sentidos se agudicen y se tenga discernimiento. La limosna libra del amor al dinero, ante quien todos estamos postrados.
Por último, la humillación es el más grande de los exorcismos. Esta mujer tenía un demonio. No era la niña sino la madre. Lo que le pasaba a la niña era la fiebre de la infección de la madre. ¿Cuál era el mal? La soberbia de la madre. Ese mal se curaba bajando, humillándose. Ella dijo: "Hasta los perritos comen de la migaja de los amos" Es como si dijera: Deja que esta perrita coma de lo que cae de la mesa de los amos." Jesús le dio una herramienta para salvarse, le dijo perrita. Ella aprovechó el momento para que el demonio saliera con este modo de exorcizar. Ella tuvo discernimiento y vio esta humillación no como un insulto sino como un modo de ser humillada para ser exaltada. Esta mujer hizo una anástasis.
Señor, dame la gracia de entender en cada acontecimiento las gracias que diseminas en mi vida disfrazada de humillaciones e insultos para ser liberado de las garras de la muerte. Amén.

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