Si nos damos cuenta se ha dado un salto en el capítulo 6 desde el versículo 14 al 30. ¿Que hay en medio del pasaje del domingo pasado y el de este domingo? Está Herodes, la muerte de San Juan Bautista y Herodías.
Aquí hay una palabra muy importante: Maqueronte.
Maqueronte es el Palacio de Herodes. Es una fortaleza que servía para meter en prisión a sus enemigos. Queda en la parte oriental del Mar Muerto.
El Evangelio dice algo muy consolador: "Jesús, al desembarcar, vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles" (Mc 6,34). También el profeta habla de la causa de esta compacion. ¿Por qué se compadeció Jesús? El profeta dice: "Vosotros dispersas tenis mis ovejas y las dejasteis ir sin preocuparos de ellas. Así que voy a pediros por la maldad de vuestras acciones -oráculo del Señor" (Jer 23,2). Herodes y también las autoridades religiosas (el Sumo Sacerdote, los Fariceos y los Saduceos) se había concentrado en su autoridad descuidando al rebaño a ellos encomendado. Era tal que hasta había llegado al punto de verlos como la chusma.
Es bueno tocar el tema de Maqueronte. En este lugar es donde se muestra el punto extremo del síndrome del poder. Es una paranoia que vuelve loco a quien se embriaga de tener el poder en sus manos. Ahí podemos ver al Faraón que por miedo a perder el poder manda a matar a los niños hebreos en tiempo de Moisés, Herodes manda a matar a los niños de Belén, este Herodes se casa con Herodías la mujer de su hermano y siente lujuria por su sobrina al bailar en la fiesta donde se pide la muerte de Juan Bautista, es lo mismo que Adolf Hitler, Stalin, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y otros.
En todo los casos, Dios ama tanto a los hombres, que le manda un profeta para que se salven por medio de las palabras del profeta. Aquí vemos como Herodes le corta la cabeza al profeta que le puede sacar de la paranoia del poder. Es tan grave este mal que Herodes mandó matar a dos de sus hijos porque sospechó que ellos tramaban quitarle su reino.
¿Hasta qué punto sufrimos esta paranoia, que yo le llamo el mal de Maqueronte, que le hacemos daño al lugar donde laboramos, donde vivimos, donde frecuentamos ir?
La segunda lectura nos da una buena noticia: "¡Cristo es nuestra paz!" Ya no hay pastores que son zorros ni ovejas dispersas. Unos y otros podemos, por Cristo, acercarnos al Padre en un mismo Espíritu (cf. Ef 2,13-18).
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