En la Liturgia de la Palabra de esta Eucaristía lo primero que dice el profeta de parte del Señor es esto: "Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos" (Jer 31,7). Dios llama a este resto que está en el destierro Flor de los Pueblos. En ellos nace la esperanza que provoca una nueva reforma en la vida y eso se expresa en la Pascua qué celebró el rey Ocías en aquella ocasión.
Viendo este momento histórico de la consolación que Dios da a su pueblo podemos entender lo acontecido en este ciego. Lo primero que debemos tomar en cuenta es su nombre. ¿Qué significa Bartimeo? Time ignifica "valioso," "honrado;" bar es hijo; en el sentido de quien es "muy estimado" y recibe honor. Entonces podemos entender que Bartimeo es el hijo muy estimado, el hijo muy honrado, hijo muy valioso. Ya esto es un consuelo.
¿Cuál es el problema?
Bartimeo, hijo de Timeo, es ciego.
Vamos por parte. Si hacemos un recorrido por el Evangelio vemos que todos los ciegos son limosnero. Todos los ciegos tienen un contacto con los otros a través del dinero. El ciego se relaciona con los demás por el dinero por la limosna. La limosna es el dinero. Si nos vamos al antiguo testamento vemos que Tobit aconseja a su hijo Tobías: "La limosna libra de la muerte e impide caer en las tinieblas" (Tob 4,10). Ahí ya podemos empezar a entender. Cuando el hombre cae en las tinieblas deja de ver tres cosas: no ve el amor de Dios, no ve a quien le rodea o lo que le rodea y pierde de vista su ser. Por eso se aferra a las pequeñas miserias que tiene. Vive solo, debajo de su capa. La capa es símbolo de su tienda, de su casa, de su pequeñez, de su vulnerabilidad.
Ahora podemos entender la carta a los Hebreos con dice: "Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: "Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy" (cf. Hb 5,5). El Hijo viene a abrirnos el mundo y nos abre no la Tienda de las Reuniones o del Encuentro. Nos abre el mismo Santuario en donde habita Dios. Este Santuario donde se pregunta: "¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo? El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura (Sal 24,3-4). Este que es de manos limpias y puro corazón es el hombre iluminado. Ahora Cristo dice a este hombre que ve: "¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!" (Sal 24,7). Entra con el que estaba cubierto en su manto y no podía entrar en la comunión con el otro, aquel que el dinero tenía ciego. Este ya pude ver donde está la vida y busca como lo dice David: "Tal es la raza de los que le buscan, los que van tras tu rostro, oh Dios de Jacob" (Sal 24,6). Ahora Bartimeo busca al Honrado porque él es hijo del Honrado, hijo del Estimado, del Valioso porque se ha visto valorado, estimado y himrado. Antes era ciego, ahora lo ve y ha descubierto que en la medida en que se busca el rostro de Dios se descubre más la dignidad propia.
Vayamos, entremos en la presencia de Dios, en la gran asamblea, y levantemos la copa de la exultación, bendiciendo al Señor, Creador nuestro, en esta Eucaristía.
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