Hemos hecho la procesión con los ramos, empuñando en las manos ramos de palmas, como se especifica en el Evangelio de San Juan, en San Marcos solo dice ramos de los campos. Esa palma es la palma del martirio (del testimonio) y es al mismo tiempo la palma de la victoria. A eso mismo vamos al templo, a actualizar ese testimonio en este tiempo favorable, en este día de salvación.
En la procesión de esta Liturgia hay dos antífonas y un responsorial. La primera antífonas, que pertenece al Sal 23 dice: "Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, aclamando: Hosanna en el cielo." La segunda antífonas, del Sal 46, dice: "Los niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor." luego hay un himno que se llama Himno a Cristo Rey, dice el responsorio: ¡Gloria, alabanza y honor! ¡Gritad Hosanna, y hacemos como los niños hebreos al paso del Redentor! ¡Gloria y honor al que viene en el nombre del Señor!" Cuando ya están dentro se canta esta estrofa que la considero muy solemne: "Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurreción de Cristo, proclamando, con ramos de palma: Hosanna en el cielo." Esto también hace referencia a los niños que murieron tras la persecución de Herodes y que el salmista reza: "De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza" (Sal 8,3a). ¡Los niños! En la Pascua hebrea, en el Haggadá, los niños tienen una parte importante. Hay tres tipos de niños: el niño simplón, el niño necio y el niño sabio.
Hay tres preguntas que hacen los niños: ¿Por qué esta noche ayunamos? ¿Por qué todas las otras noches nos vamos a la cama temprano y hoy estamos levantado muy tarde? ¿Qué esperamos? El niño simplón ve las cosas y nada le sorprende, no le cuestiona el ayuno, lo que espera y la vigilia. El niño necio pregunta pero pregunta: ¿Qué esperan? Se excluye. El padre le dice: nosotros esperamos, tú no, al Mesías. El niño sabio pregunta qué esperamos; se incluye. Esto lo digo para ilustrar un poco porque hay muchos de nosotros que son simplones y necios. No pueden reconocer al Mesías que viene.
Seguimos con el domingo de ramos. Acabada la procesión nos damos con un muro de concreto y terminamos chocando con un fracaso. Pero la cosa se pone más seria cuando vemos que Jesús es vendido por Judas por treinta monedas y da la señal con el beso.
Desde ahí comienza el juicio. Jesús es procesado por la religión, la cultura y la política.
En la casa del Sumo sacerdote, es procesado. Y el sumo sacerdote lo condena como blasfemo. La religión en la persona del sumo sacerdote lo declara reo de muerte.
Después de una reunión entre el sumo sacerdote, los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, y lo enviaron a Pilato. Pilato hizo lo que hacemos nosotros, evadimos las responsabilidades. Con el protocolo y la diplomacia dejamos que el inocente perezca.
Luego entra en escena la política. El pueblo ante la elegancia criminal de la cultura hace una gran obra. Pide la libertad de un preso. Se exponen dos candidatos para que en nombre de la verdad relativizada de la cultura se haga más que justicia una abominación. Esto es muy serio y profundo. Pilato presenta a dos hombres: A quién se debe soltar, ¿a Jesús de Nazaret o a Jesús Barrabás? El pueblo (la polis) pidió que soltaran a Barrabás. El pueblo, como nosotros hoy en día, queremos venganza. Jesús proclamaba el amor al enemigo y la sumisión a los opresores, que se pague el impuesto al César.
Jesús de Nazaret significa el Salvador Oculto. Jesús Barrabás significa el Salvador Hijo del Padre (Bar Abbá). Siempre el demonio viene como el justo, el salvador, lo razonable, pero volvemos a los niños hebreos. Hasta que punto somos con el niño necio y el niño simplón. Hasta que punto nosotros venimos con las palmas en las manos y no sabemos lo que decimos porque estamos en una religión idolátrica que condena a Jesús; que nos ponemos delante nuestra razón, como Pilato y relativismo la verdad; hasta que punto la injusticia social ciega a todos y matamos al justo.
Una vez agarraron a dos ladroncitos en Villa Carmen, cerca de la Charles de Gaulle, y lo acabaron a golpes, lo descalabraron a esos dos jovencitos. Yo quedé indignado por tal acto. Quizá esos chicos se lo merecían. Yo no miré a dos delincuentes, vi a dos hombres que podían ser santos convertidos en delincuentes, hechos por la misma sociedad. Lo que cultiva el pueblo luego lo condena a muerte.
¿Nuestra religión está condenando al inocente a muerte?
¿La verdad que ha forjado la cultura está llevando al hombre a la cultura de la muerte o a la cultura de la vida?
La sociedad que estamos construyendo va a un avance en la dignidad o un avance a la denigracion del individuo.
Hoy estamos con palmas en las manos. Esta palma es la palma del testimonio. Ahora se nos pone delante un juicio. San Pedro, el día de Pentecostés, dijo: "Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se os hiciera gracia de un asesino, y matasteis al Jefe que lleva a la Vida. Pero Dios le resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello" (Hch 3,14-15). Esta palabra de cumple ahora en nosotros. Hay que profesar la fe. A quién hemos elegido en este año. A quien tenemos que elegir. Ver la palma es la elección. La palma es el único árbol que no pierde su follaje. El cristiano es como la palma que siempre está verde.
En el día de profesar la fe se mantiene firme en el testimonio de Jesús. No se pone de parte de Barrabás. Hoy creemos en Jesucristo. Y Barrabás, ¿donde está? ¿Dónde está la obra de Barrabás? La procesión de los ramos no es un folklore, no es un teatro, no es un drama, no es un acto de piedad melancólico, no es una tradición cultural. La procesión de los ramos es mantenerse firmes en la verdad, el no resistirse al mal y tener la confianza que tienen los niños con su padre (como los niños hebreos qué cantaban Hosanna). Ahora procesamos la fe que está significado en la palma como signo sacramental.

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