LUNES DEL ÁNGEL.-


Queridos hermanos, comenzamos la Octava de Pascua. Estaremos celebrando la Pascua en el contexto de una Octava porque no podemos celebrar en un solo día toda la riqueza desbordante del Domingo de la Resurreción. Es un día que abarca ocho días. Ocho días como un día contemplando el misterio de la resurrección.


Hoy, lunes, leemos la continuación del Evangelio que se ha proclamado de la Vigilia. El centro de este lunes es el ángel. Este día se centra en el ángel. Si el ángel no se hace presente no se entendería la resurreción. En la Vigilia Pascual veíamos esto: "Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos" (Mt 28,1-4). Este texto no está en el Evangelio de hoy. Eso es lo curioso. Este lunes se llama el "Lunes del Ángel" y no se ve el ángel en el evangelio, sin embargo, queda lo más importante: el anuncio. Lo importante no es el ángel sino lo que indicó el ángel. Por eso vemos que él se dirige a las mujeres con estas palabras: "Vosotras no temáis, ya se que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como lo había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis. Mirad, os lo he anunciado" (Mt 28,5-7). Ante estas palabras se marcharon a toda prisa del sepulcro llenas de miedo y al ver el sepulcro volvieron llenos de alegría a anunciarlo a los discípulos.


Por el camino les sale al encuentro Jesús y les dijo: "Alegraos" (en la Biblia dice salve cf. Mt 28,9). Yo siempre me he hecho la pregunta de este breve encuentro con Jesús y las envía a que les diga a los discípulos que vayan a Galilea.


El evangelio siempre es novedad. Ellas, después de la palabras del ángel vieron los signos de la resurrección hasta tal punto que se encontraron con el Resucitado. Tuvieron un encuentro con el Resucitado.


Teniendo esto de base podemos ver más claro el evangelio. Sólo por la palabra del ángel podemos ver los designios de Dios.


Por otro lado, las mujeres iban de camino a dar la Noticia, los guardias, que sólo se aterrorizaron, fueron a la ciudad a comunicar a los sumos sacerdotes lo ocurrido. Ambos bandos vieron el mismo hecho. Cada bando dio su versión de los hechos. Los discípulos partieron de lo que dijo el ángel y los soldados partieron de un soborno. Siempre los guardias son los que hacen la roda en la noche y son embaucadores (cf. Cant 5,7). Pero eschucando lo que indica el ángel se convierte en testigo. Ve los designios de Dios. No podemos olvidar que esta predicación no es una catequesis ni una homilía sino que es la mistagogia de Pascua que se entrega a los neófitos. En este sentido es el obispo, el presbítero o el catequista que representa al ángel que abre el sepulcro y le indica como en la historia están los signos de la Resurreción.


Por eso, el ángel le anuncia a María una noticia llena de la alegría pascual (Lc 1,26) y ella, gozosa va donde Santa Isabel y le anuncia este anuncio gozoso y entra en la alegría pascual (Lc 1,39). El ángel anuncia a los pastores lo del Mesías y se llenan de la alegría pascual (Lc 2,10) y tambien los magos de Oriente se llenan de inmensa alegría cuando vieron la estrella, es decir al ángel (Mt 2,10-11). Si el ángel no descifra los designios no podemos entender nada.


Concluyo con estas palabras del discípulo amado que fue testigo de lo que vio en el sepulcro después del testimonio de las mujeres: "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, - pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó - lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo" (1 Jn 1,1-4). Dejemos a un lado la incredulidad y creamos en el testimonio de los que nos anuncian la buena nueva de aquel que ha resucitado, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. Amén.

 

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