MIÉRCOLES IN ALBIS



Hoy seguimos con la Mistagogia. Ayer veíamos a María Magdalena que hacía presente los problemas afectivos como lo veíamos el tercer domingo con la mujer samaritana. Hoy seguimos con los discípulos de Emaús. Este miércoles pone como base el problema de la historicidad con lo concerniente la forma como hemos interpretado los acontecimiento de la historia. Veíamos el domingo de Lætare a un ciego de nacimiento que al bajar a las aguas salvadoras de Siloé se había encontrado consigo mismo. No era el ciego, no era el que se sentaba a mendigar. El mismo vio su ser.


El mismo que vimos el martes santo. Jesús se muestra como Siervo de Yahvé y no obra por alguna mala interpretación sino que se muestra como rey pacientísmo.


Estoy haciendo un recorrido para empalmar todo con este miércoles de la Octava de Pascua. Todo esto se entiende desde el problema de la historicidad mal interpretada para ver que Cristo, rey pacientísmo, hace nuevas todas las cosas siendo elevado en alto y siendo elevado destruye el Imperio de la muerte y el príncipe de este mundo es echado fuera ().


En los dos días anteriores no tocaba la primera lectura porque ya podemos deducir que el contenido de la predicación de Pedro es lo que vieron las mujeres el primer día de que vayan a Galilea el lunes y el martes con María Magdalena les anuncia que él sube a su Padre y a nuestro Padre.


Hoy tocaré las dos lecturas que presenta la Liturgia de hoy. Primero, los discípulos no han entendido nada y aunque han escuchado todavía no han sido curados. Cristo tiene que ir con ellos a salvarlos de por pensar erróneamente obren de tal manera. El acontecimiento de la pasión y muerte de Jesús los había aturdido a todos y estos son débiles, se alejan de la comunidad y van a ver que forma de vida van a tener. La mente humana no es capaz de trascender a la magnitud del acontecimiento de la resurrección de Cristo. Jesús les sale al encuentro y habla con ellos. Se introduce, se hace el intruso y llega a convertirse en el centro para sacarlos de ese aturdimiento.


Llegan a Emaus y como un padre de familia, sentado a la mesa hace el haggadá, parte el pan y en ese momento son introducido en la Pascua del Señor resucitado. Se les abren los ojos y retornan, hacen teshuvá y son introducidos a la comunidad de la Pascua.


Es lo mismo que acontece con Pedro y Juan que van visto el sepulcro y han creído. Iban a la hora de Nona, a eso de las 3:00 pm, y viendo a un hombre pidiendo limosna cerca de la puerta llamada "Hermosa" le dijo: "Miranos." Y al decir estas palabras: "No tengo plata ni oro, pero te doy lo que allí tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda" (cf. Hch 3,4).En el momento se levantó y entró al templo por sus propios pies y daba brincos y alabando a Dios. Este hombre era ciego como el ciego de nacimiento. No veía las obras de Dios en su historia. Este hombre era un lisiado como el ciego de nacimiento. Eran ciegos los dos porque su vida giraba en torno al dinero. No podían dar gloria a Dios porque estaban postrados ante el dinero. El dinero los hacía poderosos. Ambos tenían una ceguera como la tenían los discípulos de Emaús que querían ser poderos por eso dicen: "Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió" (Lc 24,21). Ellos esperaban un reino político o económico y el reino no es jurídico o de poseción de bienes y poder. Este reino es el reino del Resucitado. Si este hombre lisiado no puede curarse cómo puede tener un reino. Una vez que se les abren los ojos como el ciego de nacimiento puede dar gloria a Dios como el lo dijo: "Yo era ciego, él me untó lodo en los ojos y me dijo que vaya a la piscina de Siloé, yo fui, me lavé y veo" (cf. Jn 9,15). Igualmente los discípulos de Emaús dieron gloria a Dios (Lc 24,34-35). Hoy Cristo viene a curas las últimas reminiscencia de las heridas de la historia que, como los de Emaus, andan buscando encontrar el Reino. Que puedamos ver a Jesucristo que camina junto a nosotros, que fortalece las piernas licitadas de los que hemos hecho un reino, hemos creado nuestro descanso y nos hemos convertido en lisiados, cojos, ciegos, sordos, leprosos y hemos dejado de ser miembros de un pueblo de reyes donde nuestra cabeza es Cristo que ha vencido la muerte y reina inmortal y glorioso por los siglos de los siglos. Amén

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