Santo Domingo, República Dominicana — 14 de junio de 2026
La comunidad cristiana de la República Dominicana, consciente de su responsabilidad histórica y espiritual ante los desafíos contemporáneos, desea elevar una voz de fe, prudencia y esperanza a todo el pueblo dominicano.
En estos tiempos que vive nuestra nación, reafirmamos nuestro compromiso inquebrantable con los valores que fundamentan nuestra identidad: la justicia, la solidaridad, el respeto a la vida y el fortalecimiento de la familia como núcleo esencial de nuestra sociedad.
Un compromiso con el bienestar común
Como cuerpo de creyentes, hacemos un llamado a las autoridades y a todos los sectores de la vida nacional a trabajar incansablemente por el bienestar de los más vulnerables. La fe cristiana nos impulsa no solo a la oración, sino a la acción concreta, siendo promotores de paz en medio de las diferencias y constructores de soluciones frente a las dificultades sociales que afectan a nuestras familias.
Nuestra postura ante la realidad nacional
Por la paz y la concordia: Exhortamos a toda la ciudadanía a mantener un diálogo constructivo, evitando la polarización y trabajando juntos por la armonía social que tanto necesita nuestro país.
Por la integridad: Invocamos la sabiduría divina sobre quienes dirigen los destinos de la nación, para que cada decisión sea tomada con honestidad, transparencia y rectitud, siempre anteponiendo el bienestar colectivo sobre los intereses particulares.
Por la esperanza: Recordamos que, ante cualquier adversidad, la oración y la confianza en Dios siguen siendo nuestro mayor refugio. Invitamos a las iglesias a seguir siendo faros de luz, brindando consuelo y orientación a quienes atraviesan tiempos de incertidumbre.
Un llamado a la oración
Invitamos a todas las denominaciones y a cada creyente en el territorio nacional a unirse en una jornada de oración constante por la República Dominicana. Pedimos que el Señor guíe nuestros pasos, proteja nuestra soberanía y permita que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde los corazones y los pensamientos de cada dominicano.
La iglesia permanece firme en su labor de servir a Dios a través del servicio al prójimo. Que nuestra conducta y nuestras palabras sean siempre un reflejo del amor y la rectitud que profesamos.
"Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor" — Salmo 33:12
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